
Se sentía disociada de su persona y de su vida. Sentía que sus actos no concordaban con sus emociones ni con sus pensamientos. Nada conectado entre sí, una sensación de vacío, de mareo, de espiral. Ya lo había sentido antes. La vida una película, las personas caricaturas, nada importa, poco tiene sentido...
Le bajó que tenía algo, o faltaba algo, y como siempre su cuota hiponcondríaca la impulsó a investigar... "Trastornos disociativos", "despersonalización", "amnesia", "ansiedad", "histeria"... leyó mucho y creyó haber descubierto algo. Muchas cosas le hicieron "click". Pero al parecer no había demasiada solución, sólo que se pase el episodio, generalmente iniciado por épocas de estrés, un par de remedios que no estaba dispuesta a tomar, y combinar con terapia psicológica de la cual tampoco estaba dispuesta a depender...
Y decidió dedicarse a observar el episodio y la vida. Si se sentía como un espectador, eso sería. Quizás hacía más que eso, pero quizás era para no olvidar que también vivía, que no era sólo un fantasma.
Mientras observó se dio cuenta de que las cosas pasaban de maneras muy distintas a cómo las percibían las personas. Cuando presenciaba por ejemplo, una pelea, y después escuchaba como alguno de sus protagonistas la relataba, lo ocurrido cambiaba notablemente.
Esto le hizo comenzar a prestar más atención en cómo pasaban realmente las cosas y tratar de contarlas lo más fielmente posible a la realidad.
También se percató de que en las parejas es necesario que haya un cierto desafío constante de retener al otro, no un juego agotador ni estratégico (la idea no es crear un ambiente de inseguridad), pero sí debe saberse por ambas partes la posibilidad de no-estar, de que el otro por algún motivo podría dejarnos, de que se trata de personas autosuficientes que eligen estar con otra y no de un ser que necesita al otro para respirar. De esta forma se mantiene activa la relación, cada parte trata de hacer feliz al otro día a día, no hay nada ganado, si no que hay que írselo ganando todos los días.
Y en su disociación comprendió que la mayoría de los resultados dependen de la actitud. Había quienes lo tenían todo, pero eran infelices porque no sabían compartir. Había mujeres hermosas y pensantes que querían estar acompañadas y estaban más solas que un faro. Entendió que la felicidad, la belleza y la realización empiezan dentro de uno mismo. Entendió que no se puede cosechar lo que no se tiene. Hay que primero sembrarlo, regarlo y cuidarlo para cosecharlo. Y una vez maduro y cosechado se puede compartir.
Una vez entendido todo esto, volvió en sí para prepararse.
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